La vida social y la soledad.
“El hombre ha sido condenado a un animal social” Esta frase de
la socióloga británica Frances Wright (1795-1852) la tengo tatuada, literalmente,
y es que creo que encajo bastante bien con lo que quiere decir. Cuando le
comenté a una persona lo que significaba se quedó unos segundos pensando y me dijo
“La verdad es que te pega” No me considero una persona huraña o antipática pero
si que es cierto que no me suelo relacionar con la gente que considero que no me
puede aportar algo, ya sea intelectualmente, que me haga pensar o reflexionar
sobre aspectos y temas de la vida, o de manera afectiva, que pueda llegar a ser
un amigo o persona importante en mi vida. Tengo la suerte de tener mucha gente
a mi lado que me apoya, ayuda y soporta, pero sí que es cierto que el resto de
aspectos que rodean a una vida social son una condena para mí. Los
convencionalismos sociales más básicos los rechazo de pleno, por norma general
no me veréis teniendo conversaciones insulsas o buscando la aprobación de
alguien simplemente para encajar. Lo políticamente correcto no siempre es lo
mejor y como no tengo la necesidad de caer bien a nadie no me tengo que
preocupar de decir lo que corresponde en cada momento, lo único que hago es
decir lo que pienso o creo que hay que decir. No malinterpretéis estas
palabras, soy una persona muy educada pero lo uno no está reñido con lo otro.
“Homo homini lupus” (El hombre
es un lobo para el hombre). La vida social nos genera problemas y pese a todo
seguimos necesitando de la compañía de nuestros congéneres para tener una vida
satisfactoria. Todos nos vemos obligados a encajar en grupos sociales de la
índole que sean, unos por ideología, otros por hobbies y otros porque apoyan a
un mismo equipo deportivo, pero esa necesidad patológica de encajar en un grupo
nos hace renunciar a pequeños aspectos de nosotros solo por el hecho de agradar
al grupo del que se quiere formar parte. La presión social es un aspecto
negativo de la convivencia social, esa presión nos obliga a actuar de un modo
que quizás no sea el que creemos que debe ser simplemente por la necesidad de
pertenencia a un grupo, uno de los ejemplos más claro es el hecho de beber o
fumar en la adolescencia para pretender demostrar una madurez que evidentemente
no se tiene. Émile Durkheim (1858-1947), sociólogo y filósofo francés, escribe
acerca de la vida social como limitante de la libertad de los individuos. Nunca
seremos libres perteneciendo a una sociedad, siempre nos dejaremos influir por
las modas del momento y por ello nuestras decisiones estarán siempre guiadas
por parte de aquellos que manejen esa comunidad. Esta vez no pretendo politizar
el tema, sinceramente creo que la sociedad tal y como está montada hoy en día
coarta nuestra libertad. Si lo queremos ver desde otro punto de vista, la falta
de libertad nos permite estar más felices (link de entrada anterior) puesto que
algunas de las decisiones que debemos tomar son más sencillas producido por la influencia del gran grupo, de este modo
acabas preocupándote de pocas cosas sin más intereses que tu propia existencia.
Este planteamiento es la base perfecta para conseguir un pueblo dócil, se acabó
la lucha de clases y cualquier tipo de activismo en pro de los beneficios
sociales. El desarrollo de la masa social de un país, región o zona determinará
hasta qué punto nos dejamos guiar o por el contrario es esa sociedad la que
decide por dónde quiere ir, hoy por hoy en España no hay duda, somos sumisos y
obedientes (yo el primero). Desde mi punto de vista todo debemos tener unos
básicos a los que no hay que renunciar por intentar agradar o encajar, en mi
caso yo tengo unos principios ideológicos por lo que me rijo y en base a ellos tomo
las decisiones que afectan a mi vida social. Hoy por hoy veo inviable el poder
ser cada uno como quiera ser, la clave es saber a qué estamos dispuestos a
renunciar por el hecho de poder convivir con el resto de personas. Ser
consciente de esto nos hará ser personas más válidas para la sociedad.
Todo esto es un preámbulo para poder hacer la siguiente pregunta: ¿Se puede estar solo hoy en día? Pensadlo
por un momento.
Yo, y recalco lo del YO, pienso que no. Me baso únicamente en mi
experiencia pero hasta el momento creo que es imposible.
Para empezar os quiero comentar los prejuicios que existen sobre la
soledad y ahí tenemos el primer problema.
¿Cuándo habláis de soledad que ideas os vienen a la cabeza? ¿Son positivas o
negativas? Si tenéis de las dos ¿Cuántas son positivas y cuántas negativas? No
hace falta que me lo digáis, estoy seguro de que la mayoría son negativas.
Depresión, enfermedad, pena, tristeza, amargura, me la juego a que son algunas
de las cosas que os han pasado por la mente. Los aspectos positivos de la
soledad no suelen aparecer y como todo en este mundo, la soledad también los
tiene. El temor a los aspectos negros de la incomunicación nos hace tener miedo
a ella y eso es igual de peligroso que cualquiera de los argumentos en contra
de ella. Todos conocemos casos de personas que al poco tiempo de terminar una
relación afectiva se involucran en otra, hay gente que no sabe estar sola y que
necesita el tener siempre a alguien con quien compartir momentos, espacio o
tiempo. El poeta suizo Hermann Hesse (1877-1962) escribió en uno de sus libros:
“La mayoría de las
personas, todos las del rebaño, no han saboreado nunca la soledad. Se separaron
un día del padre y de la madre, pero sólo para acercarse a una mujer u hombre y
sumergirse en seguida en un nuevo nido de calor y familiaridad.”
Esta actitud es tan enfermiza como aquel que quiere vivir solo en un
bosque sin más compañía que los animales, con la diferencia de que el segundo
probablemente lo haga de manera voluntaria y el primero lo haga empujado por
los sentimientos y emociones algo que está alejado de cualquier decisión
racional. Es cierto que hay gente que se ve obligada a la vida en solitario,
falta de familia, amigos o gente cercana, eso es un problema gordo pero no por
el hecho de vivir solo sino porque a esas personas les ha fallado el sistema.
Optar por momentos de aislamiento es diferente a vivir solo por obligación.
La soledad no está muy bien vista, todos hemos escuchado aquello de
tener una vida solucionada y lo magnifico que es, pero dentro de ese concepto
entra la vida en familia, estabilidad emocional, trabajo, etc… Como he dicho
antes la sociedad nos empuja tomar decisiones simplemente porque están bien
vistas por la mayoría y no debería ser así, no os guíes por el miedo al qué
dirán e intentad tomar decisiones en base a lo que pensáis. Esto os privará de
algunas cosas pero hará que lleguéis donde vosotros queréis de la forma que
vosotros habéis elegido, lo que es más satisfactorio. Dejad los
convencionalismos sociales para los pobres de mente y tened la valentía de
pensar y tomar las decisiones en base a lo que pensáis de verdad.
Más allá de todo el tema de la influencia social a la hora de
estigmatizar la soledad existen otros factores de nuestro tiempo que hacen muy
complicado el poder tener momentos de aislamiento, sí, estoy hablado de los móviles.
Soy el primero que lo usa a diario y posiblemente más que nadie (RRSS) pero
también soy el primero que lo repudia en otros instantes. Hace poco tiempo, con
todos mis amigos fuera de Logroño y la imposibilidad de quedar con ellos se me
ocurrió dejar el teléfono a un lado y quedarme en casa trabajando en cosas del
basket, leyendo, viendo series y saliendo a pasear a hacer fotos mientras
escuchaba música. No llegaron a las 24h sin conectarme al Whatsapp y tenía
cerca de 300 mensajes, 5 llamadas y luego supe que se habían puesto en contacto
con mi familia para saber si estaba bien. El siglo XXI y sus avances nos
complican mucho el tener momentos para uno mismo y más con la bendita
aplicación del doble tick que nos exige inmediatez en la respuesta. No estoy
diciendo que los móviles sean malos, estoy diciendo que nos complican algo tan
sencillo como estar solo y lo importante que es la desconexión digital en
épocas de nuestra vida. Ahora no tiréis todos estos aparatos por el WC, estas
herramientas son muy útiles siempre y cuando sepamos usarlas y no se vuelvan en
nuestra contra.
Para mi es parte importante la clausura para poder desarrollarse como
persona, es en estos momentos en los que aclaramos ideas que pueden ser
importantes en nuestra evolución como individuos, además en la soledad uno se
da cuenta de aspectos que no conocía de uno mismo, piensa en cosas que debería
mejorar y se destapa una creatividad que cuando estas rodeado de gente es
imposible que aparezca. No tengáis miedo pasar momentos solos, yo lo hago y no
he salido tan mal o eso creo.
PD: Como puse la otra vez, si habéis llegado hasta aquí estáis de la
puta olla pero gracias por leerlo.
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